Julia Sepúlveda, una «superheroína» que ya hizo historia
A los 17 años, la taekwondista marplatense ganó la medalla de plata en los Juegos Suramericanos de Santa Fe en su primera experiencia con el seleccionado mayor. En diálogo con Marca Deportiva Radio (FM 99.9), contó cómo trabajó el aspecto mental para alcanzar un resultado histórico, repasó sus combates y reveló el ritual que la acompaña antes de cada pelea.

Julia Sepúlveda todavía no termina de caer. A los 17 años, la taekwondista marplatense se convirtió en una de las protagonistas de la actuación argentina en los Juegos Suramericanos de Santa Fe al conseguir la medalla de plata en su primera experiencia con el seleccionado mayor. Un resultado que tiene un valor especial no solamente por el podio, sino también por lo que significó para el taekwondo femenino argentino.
“Todavía no caigo de lo que pasó”, reconoció en diálogo con Marca Deportiva Radio (FM 99.9), apenas unos días después de aquella actuación. Incluso, la competencia no le dio demasiado tiempo para detenerse a disfrutarlo: al día siguiente volvió a viajar para acompañar a sus compañeros en otro torneo y recién pudo regresar a su casa por la noche.
La medalla, sin embargo, empezó a construirse mucho antes de Santa Fe. Sepúlveda sabía desde el año pasado que sería titular en los Juegos y comenzó a prepararse mentalmente para ese desafío. “Me empecé a mentalizar, a decir que yo quería esta medalla”, explicó. El objetivo fue tomando forma a medida que avanzaron las giras y los entrenamientos con el seleccionado, hasta que llegó un momento determinante: entendió que tenía el nivel necesario para competir.
“Al principio no tenía tanto el nivel, pero después de todo el año, de todas las giras que hice, todo lo que entrené con selección, me di cuenta que tenía el nivel y fue un clic en la cabeza que hice y dije: no, yo quiero esa medalla y ese día lo dejé todo por eso”, contó.
Ese cambio estuvo muy relacionado con el trabajo psicológico. A comienzos de año, durante una gira por Estados Unidos y Canadá, había quedado eliminada en primera ronda después de dos combates muy cerrados, definidos en el tercer round y por pocos puntos. Aquella experiencia la llevó a trabajar especialmente el aspecto mental y, según reconoció, ese proceso fue determinante para mejorar sus resultados posteriores.
“Para mí era más tema mental. Empecé a trabajar con la psicóloga”, explicó. Y resumió una de las enseñanzas que incorporó durante este proceso: “Entrenar, se entrena tanto el cuerpo como la mente”.
En Santa Fe tuvo que poner esas herramientas en práctica desde el primer combate. Su posición en el ranking internacional, producto de los puntos obtenidos en competencias como el President Cup de Perú y un torneo en Portugal, le permitió comenzar directamente en cuartos de final. Allí enfrentó a Panamá y reconoció que los nervios y la presión de saber que una derrota significaba quedar afuera le jugaron en contra durante buena parte del combate.
El trabajo de su entrenador, Leandro García, durante el descanso fue clave para que pudiera recuperar la concentración y quedarse con la victoria. Después llegó la semifinal ante Perú, con apenas una hora de recuperación entre ambos combates.
Allí apareció otra vez su ambición. Sepúlveda sabía que una derrota podía llevarla al repechaje por la medalla de bronce, pero tenía claro que quería algo más. “Dije: no, yo no quiero un bronce, yo quiero una plata y quiero llegar a la final”, relató.
La victoria tuvo además un significado especial: según explicó, hacía más de diez años que una mujer no alcanzaba una final en los Juegos Suramericanos de taekwondo. “Fue locura total cuando gané esa pelea”, recordó.
La final, en tanto, fue ante una rival de enorme jerarquía internacional. La argentina se encontró frente a la número uno del mundo, Marta Pacheco una competidora que, según describió, llevaba dos años invicta y con la que ya se había enfrentado anteriormente en Perú.
Pero si algo caracteriza a Sepúlveda es su manera de afrontar esos desafíos. “Yo no le tengo respeto a nadie”, contó entre risas, recordando una frase que suele repetirle su mamá. Antes de la final, mientras esperaba sentada y meditaba, se convencía de que podía ganar: “Yo quiero ganar, yo puedo ganar, tengo todo para ganar. ¿Por qué no le puedo ganar? Alguien la tiene que bajar, ¿por qué no puedo ser yo?”.
Finalmente, el oro quedó del otro lado, pero la plata significó mucho más que el segundo puesto. Fue la confirmación de que aquella joven que había comenzado el año trabajando sobre sus dudas podía plantarse ante las mejores del mundo y competir.
Y en esa transformación también hay lugar para una particular ceremonia que Julia lleva adelante antes de cada pelea. Cena pasta la noche anterior, medita para poder descansar, escucha música fuerte durante la jornada, realiza ejercicios de respiración y, antes de entrar al tatami, tiene un mensaje muy particular para sí misma.
“Me digo ‘soy una superheroína, soy una superheroína, soy una superheroína’”, contó.
Después se repite: “Soy fuerte, soy rápida, soy ágil, quiero ganar”, antes de completar la preparación con algunos movimientos físicos para activarse. Durante los combates también tiene recursos para volver a concentrarse cuando siente que pierde el foco, como apretarse y retorcerse el dedo pequeño de la mano.
Ella prefiere no definirlo solamente como una cábala. “No siento tanto como cábala, sino formas de concentrarme y activarme”, explicó.
Quizás por eso aquella frase tenga ahora otro significado. Porque después de Santa Fe, “soy una superheroína” ya no parece solamente una manera de darse confianza antes de entrar a pelear. A los 17 años, Julia Sepúlveda consiguió algo que no es habitual para una deportista de su edad: debutó como titular en un seleccionado mayor, llegó a una final sudamericana y se subió a un podio histórico.
Y mientras ella continúa preparándose para los próximos desafíos, aquella superheroína que se repetía tres veces antes de cada combate ya tiene una historia propia que contar.
El próximo objetivo llegará muy pronto. En apenas 18 días tendrá un nuevo torneo internacional en Argentina, válido para sumar puntos para el ranking panamericano. Después afrontará el Nacional Clausura, donde buscará terminar como número uno del ranking nacional y conseguir la titularidad para el clasificatorio de los Juegos Panamericanos.
Porque para Sepúlveda la plata de Santa Fe no es un punto de llegada. Es apenas otra estación de un camino que ya tiene un nuevo objetivo: “Una medalla en un Juego Panamericano”.
Y si algo dejó claro en Santa Fe es que, cuando llega el momento de pelear, Julia ya sabe qué decirse: “Soy una superheroína”.
