Francisco Nievas y una consagración muy especial: “Ese abrazo lo soñé un montón de veces”

El histórico campeón panamericano marplatense de karate vivió un momento inolvidable en San José de Costa Rica: su hijo Noah se consagró campeón panamericano junior en Kumite U12 -35 kg y él pudo acompañarlo como integrante del cuerpo técnico de la Federación Argentina de Karate. “Es la primera medalla internacional para mi academia y que sea con mi hijo es súper emotivo”, contó en Marca Deportiva Radio.

Francisco Nievas junto a su hijo Noah.

El deporte suele ofrecer historias difíciles de imaginar y, en este caso, una de ellas tuvo como protagonistas a dos generaciones de una misma familia. En el Campeonato Panamericano Junior de Karate disputado en San José de Costa Rica, Noah Nievas se consagró campeón en la categoría Kumite U12 -35 kilogramos, mientras que su padre, el marplatense Francisco Nievas, tuvo la posibilidad de acompañarlo desde un lugar todavía más especial: como integrante del cuerpo técnico de la Selección.

Francisco sabe perfectamente lo que significa subir a lo más alto de un podio panamericano. En 2007 fue campeón en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro y ahora, casi dos décadas después, pudo compartir una consagración continental con su hijo. En diálogo con Marca Deportiva Radio (FM 99.9), reconoció que todavía le cuesta dimensionar lo sucedido.

“Todavía es como que no caigo. Es un sueño mío, pero sobre todo lo más importante es un sueño de él”, contó Nievas, quien explicó que Noah comenzó a practicar karate hace seis años y que desde sus primeras competencias tuvo claro que quería alcanzar objetivos importantes.

El camino hasta este campeonato tampoco fue sencillo. Noah ya había participado el año pasado del Panamericano disputado en Asunción, Paraguay, pero aquella vez no pudo alcanzar el podio. Esa experiencia terminó transformándose en un punto de partida para el trabajo que realizaron durante el último año.

“Ya ahí lo vimos posible, sin embargo el resultado no nos acompañó y a partir de ese momento empezamos a trabajar como para poder subirnos al podio y esta vez se nos dio”, explicó Francisco.

Para el entrenador, la medalla de oro no representa solamente un resultado deportivo. También funciona como una confirmación de que el proceso que vienen desarrollando está dando sus frutos. “Estas cosas certifican que estamos en el buen camino, que estamos haciendo las cosas bien. Recibimos felicitaciones de un montón de entrenadores de otros países, de árbitros, de gente que está a primer nivel mundial. Eso, más allá del resultado, también certifica que estamos en un buen camino”, señaló.

La particularidad de esta historia está, además, en la relación entre padre e hijo. Francisco ocupa simultáneamente los roles de padre y entrenador, una combinación que obliga a encontrar permanentemente un equilibrio entre la crianza y la formación deportiva.

“Es difícil dividir o separar lo que es la casa y la crianza, separarlo de lo que tiene que ver con un alumno en el dojo. Tiene que ser diferente y nos cuesta, pero seguimos aprendiendo”, reconoció.

En ese proceso, Nievas intenta que Noah entienda que, por encima de cualquier resultado, debe estar dispuesto a aprender y aceptar las correcciones.

Lo mejor que le puede pasar es ser entrenable. Muchas veces se mezcla el padre y el sensei. Por ahí, en una clase, se toma mal una corrección y yo le digo: ‘Hijo, vos tenés que ser entrenable para poder mejorar. No me veas como padre, me tenés que ver como profesor o como técnico’”, explicó.

Y allí aparece una de las cuestiones que Francisco considera fundamentales en esta etapa: el resultado es importante, pero no puede estar por encima del proceso. En una categoría infantil, entiende que el objetivo principal es formar al deportista y, sobre todo, a la persona.

“Intento felicitar a todos mis alumnos, incluido Noah, por cómo se han preparado para asumir el compromiso. Para mí, antes de competir ya ganaron, primero por tomar la decisión de competir, que es difícil, y segundo porque te tenés que preparar para competir. El resultado va a ser una consecuencia de eso”, sostuvo.

La medalla de oro, sin embargo, tuvo un significado personal imposible de disimular. Cuando terminó la competencia, padre e hijo se fundieron en un abrazo que Francisco había imaginado muchas veces.

“Ese abrazo lo soñé un montón de veces. Me lo imaginé un montón de veces, estaba esperando ese momento. Realmente fue muy emocionante”, confesó.

Y la escena tuvo todavía otro condimento especial. La medalla de Noah se convirtió en la primera medalla internacional de la academia de Francisco, que además pudo estar presente como integrante del cuerpo técnico nacional.

“Que sea con mi hijo y yo teniendo la posibilidad de ingresar al cuerpo técnico de la Federación Argentina de Karate también era algo importante. En ese momento se te vienen un montón de cosas a la cabeza, pero sobre todo el sacrificio y todo el esfuerzo que hemos hecho a lo largo de estos años para conseguir una cosa así tan importante”, relató.

El resultado de Noah también llega en un contexto en el que Francisco entiende que Argentina todavía tiene camino por recorrer para acercarse a las potencias continentales. El entrenador señaló que el seleccionado nacional se encuentra “de mitad de tabla hacia arriba” en América y apuntó a la falta de competencia internacional y de políticas de Estado como algunas de las dificultades para lograr un mayor crecimiento.

A pesar de ese contexto, la delegación argentina volvió a encontrar motivos para ilusionarse y el oro conseguido por Noah representa uno de ellos.

Mientras tanto, Francisco continúa desarrollando su propio proyecto deportivo en Mar del Plata. Su academia lleva dos años de funcionamiento, con una matrícula que continúa creciendo y una orientación que combina la formación tradicional del karate con el desarrollo competitivo.

“Karate, más allá de ser un deporte, no deja de ser un arte marcial que es para toda la vida. Es una disciplina donde se les inculca un montón de valores a los niños o a los practicantes”, destacó.

El calendario tampoco se detiene. Después de esta experiencia internacional, la academia ya tiene en el horizonte el Campeonato Argentino en Córdoba y posteriormente el circuito nacional en Buenos Aires, con el Torneo Clausura.

Pero antes de pensar en lo que viene, Francisco se permite disfrutar de un momento que difícilmente pueda olvidar. Él ya sabía lo que era ser campeón panamericano. Ahora pudo vivirlo desde otro lugar, viendo a su hijo alcanzar aquello que alguna vez él mismo consiguió.

Un padre, un entrenador y un campeón panamericano. Un hijo, un alumno y otro campeón panamericano. Dos generaciones unidas por el karate y por un abrazo que Francisco, según contó, había soñado durante mucho tiempo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *