Belén Casetta, entre obstáculos y transiciones: “El atleta siempre tiene esa ambición de uno más”
La marplatense volvió a conquistar el oro sudamericano en los 3.000 metros con obstáculos, pero detrás de la medalla hay mucho más que una carrera: descanso, maternidad, trabajo mental y una atleta que empieza a despedirse de las vallas mientras proyecta un nuevo desafío hacia las distancias largas y Los Ángeles 2028. “Ya estoy con un pie adentro de la pista y otro afuera”, reconoció en Marca Deportiva Radio.

Hay carreras que se ganan en la pista y otras que empiezan mucho antes de que el atleta se pare en la línea de largada. La de Belén Casetta en los Juegos Suramericanos de Santa Fe tuvo un poco de las dos. La marplatense volvió a subir a lo más alto del podio en los 3.000 metros con obstáculos, pero detrás de esa medalla de oro hubo una preparación diferente, mucho descanso, conversaciones consigo misma, una estrategia pensada y, también, la certeza de que cada vez quedan menos carreras antes de comenzar una nueva etapa. A los 32 años, la atleta reconoce que la recuperación ya no es la misma que cuando tenía veinte y que su vida tampoco se parece a la de entonces: es madre de dos niñas pequeñas, tiene responsabilidades familiares y domésticas y, como ella misma definió, su entrenamiento no termina cuando abandona la pista.
“Cada vez que pasa el tiempo se me está complicando un poquito más”, contó en diálogo con Marca Deportiva Radio (FM 99.9). Por eso, la planificación también cambió. Hay sesiones en las que necesita exigirse al máximo y otras en las que directamente entiende que descansar es parte del entrenamiento. “A veces más es peor”, explicó, y resumió una filosofía que fue construyendo con los años: menos cantidad, más calidad y, fundamentalmente, aprender a escuchar lo que le pide el cuerpo. “Antes entrenaba todos los días, hacía algún trotecito para recuperar, para activar. Pero a mí, por ejemplo, la semana previa, si descanso, me mantengo en el peso, lo que fuera, estoy impecable, me siento muy bien”. En Santa Fe, además, hubo una decisión específica: dormir. Acostumbrada a descansar poco por las necesidades de sus hijas, buscó llegar a la competencia con algunos días de concentración y recuperación en la Villa. “Me pidieron que si podía ir dos días como mínimo a descansar a la villa, a dormir y a concentrarme. Y bueno, fue lo que hicimos”.
La particularidad de los grandes atletas es que no siempre llegan a competir sintiéndose invencibles. Casetta llegó a Santa Fe con algunas dudas. Su preparación en altura, en Cachi, no había sido la esperada y hasta el último entrenamiento previo le había dejado sensaciones incómodas. “Dije: la voy a tener complicada en estos 3.000 metros con obstáculos”, reconoció. Pero ahí apareció otra parte de su preparación que no se mide en kilómetros ni en repeticiones: el trabajo mental. Descansando, empezó a reconstruir la confianza, a hablar consigo misma y a visualizar otra versión de lo que podía suceder. “Me estuve automotivando, hablando conmigo y diciendo: la verdad que voy a poder, me voy a sentir muy bien y va a llegar el día y voy a salir con actitud”. La carrera terminó demostrando que una mala sensación en un entrenamiento no necesariamente anticipa una mala competencia. De hecho, esa parece ser una de las características que todavía mantienen intacta a la Casetta competidora.
La estrategia también estaba pensada. Conocía a varias de sus rivales y sabía que debía administrar la carrera, guardar energía y esperar el momento adecuado. Micaela Levaggi era una incógnita mayor porque nunca había compartido con ella una carrera de obstáculos, pero Belén sabía que tenía una herramienta a su favor: la experiencia acumulada durante años sobre las vallas y el foso. “Lo hago desde que soy muy chica, incluso en el Mundial de Menores fui finalista del mundo con los obstáculos. Técnicamente ahí tengo una ventaja”, explicó. Levaggi terminó cayendo cuando intentaba acercarse en la última vuelta y eso modificó definitivamente el desenlace, aunque Casetta ya estaba preparada para un posible ataque. Sabía que su rival podía tener ventaja en el sprint final y por eso esperaba el momento para responder. La carrera finalmente no le exigió ese último esfuerzo, pero volvió a dejar en evidencia cuánto pesa la experiencia cuando llega el momento de competir.
Y allí aparece una de las contradicciones más interesantes de este presente. Casetta sigue ganando, sigue compitiendo al máximo nivel y sigue demostrando que su capacidad competitiva está intacta, pero al mismo tiempo sabe que está entrando en la última etapa de su recorrido en los 3.000 metros con obstáculos. “Yo ya estoy a un paso, un pie adentro en la pista y otro pie afuera”, reconoció. No lo dice desde la resignación, sino desde una decisión que ya empezó a proyectar. Su límite está marcado en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028: quiere intentar clasificarse una vez más en su prueba histórica y después cerrar esa etapa. “La retirada de los obstáculos es intentar entrar a Los Ángeles. Si entro, buenísimo. Si no entro no me voy a poner mal porque ya todo lo que he logrado estoy más que satisfecha”, señaló. Pero inmediatamente aparece la atleta que todavía quiere un desafío más: “El atleta siempre tiene esa ambición de uno más, uno más, uno más”.
Ese “uno más” también explica por qué comenzó a mirar hacia las distancias largas. Ya tuvo una experiencia en los 21 kilómetros en Santiago de Chile y, aunque terminó con todo el cuerpo sintiendo el esfuerzo de una distancia que todavía no prepara específicamente, la experiencia le gustó. El cambio, sin embargo, no será solamente físico. También deberá modificar la cabeza de una atleta acostumbrada durante años a entrenamientos cortos, explosivos, con velocidad, fuerza y resistencia combinadas. “Mi cabeza ahora son entrenamientos cortos, explosivos, velocidad, lo más largo que será un 2.000 en pista y cuando pase a ser 21-42 van a ser un montón de kilómetros”, explicó. En los 3.000 con obstáculos la velocidad es un componente fundamental y, según su propia experiencia, es mucho más difícil de adquirir que la resistencia. Por eso, aunque cambie de distancia, hay capacidades que no piensa abandonar.
En medio de ese proceso apareció también una de esas pequeñas historias que Belén interpreta como señales. Antes de viajar a los Juegos, su hija menor dejó dentro de la valija una carta: un seis de espadas. Al llegar a Santa Fe, Casetta recibió precisamente el dorsal número 6. Para ella, la coincidencia tuvo un significado especial porque asocia esa carta con los cambios y las transiciones. “Yo creo mucho en los mensajes”, contó. No es la primera vez que una señal de ese tipo acompaña su carrera: en 2017, antes del Mundial, había visualizado una marca de 9:35, la escribió y la dejó visible en distintos lugares de su casa hasta que terminó corriendo precisamente en ese tiempo. Ahora el número fue otro y el momento también parece serlo: dejar atrás una etapa para empezar a imaginar la siguiente.
El objetivo final, por ahora, tiene nombre y apellido: Los Ángeles 2028. Si consigue llegar, Casetta podría disputar sus cuartos Juegos Olímpicos, algo que la propia atleta vinculó con el registro de Jennifer Dahlgren, quien hasta ahora es la única atleta argentina que participó en cuatro ediciones olímpicas. “Hay muchas cosas también en el camino que apuntamos, a ver si podemos seguir haciendo un poquito más de historia”, dijo. Y quizás esa sea la mejor manera de entender este presente: Belén todavía no se está despidiendo, está empezando a preparar la transición. Todavía hay obstáculos por delante, todavía hay carreras que quiere correr y todavía existe esa voz interna que aparece cuando las sensaciones no acompañan para recordarle que puede. Después de tantos años, de tantos podios y de tantas carreras, la parte competitiva sigue vigente. Y mientras un pie empieza a abandonar la pista, el otro todavía está listo para saltar un obstáculo más.
