Juan Aquino explicó su salida de Unión: “Ya no lo estaba disfrutando”

El entrenador dejó su cargo al frente del plantel profesional que disputa la Liga Argentina y habló con Marca Deportiva Radio (FM 99.9) sobre los motivos personales que lo llevaron a tomar la decisión. Reconoció el desgaste emocional, agradeció la oportunidad que le dio el club y reflexionó sobre la exigencia y la realidad de los entrenadores de básquet. También respaldó la llegada de Bautista Mendiola como su sucesor.

La salida de Juan Aquino de la conducción técnica del plantel profesional de Unión de Mar del Plata abrió una nueva etapa para el equipo en la Liga Argentina de Básquet. La decisión, que se confirmó después de su renuncia, tuvo motivos que fueron más allá de los resultados deportivos. En diálogo con Marca Deportiva Radio (FM 99.9), el entrenador explicó que atravesaba un momento personal complejo, que el trabajo había comenzado a perder el disfrute y que entendió que no estaba en las mejores condiciones para conducir al grupo.

“Estoy muy tranquilo. No estaba pasando un buen momento a nivel personal, estaba muy angustiado, con algunas cuestiones, nervioso, no estaba claro. Entonces creo que la decisión que se tomó es la mejor”, explicó Aquino. Y profundizó sobre la responsabilidad que implica estar al frente de un equipo: “Cuando uno no está bien como cabeza de grupo, como líder, toma malas decisiones. Tiene que estar bien claro para ayudar al equipo, para estar bien con la organización, con el club y con los jugadores. No estaba al ciento por ciento y ya no lo estaba disfrutando”.

El entrenador reconoció que la decisión también le generó alivio, luego de un proceso que había comenzado con mucha incertidumbre durante el receso previo a la temporada. Unión atravesó dificultades económicas que pusieron en duda su participación en la Liga Argentina y la conformación del plantel se resolvió recién sobre el comienzo de la competencia.

“Entre temporadas hubo muchas dudas, a ver si jugábamos o no. Hasta el último día estuvo esa incertidumbre. Yo creía que estaba tranquilo y que lo estaba manejando bien, pero uno nunca sabe las cosas que están pasando por dentro”, recordó. En ese sentido, aclaró que la situación no había sido premeditada y que la preocupación por la continuidad del proyecto también tuvo un impacto personal: “Fue un poco estresante, más que nada por no saber si iba a continuar, si iba a tener trabajo o si tenía que moverme para otro lado”.

A pesar de ese contexto, Aquino valoró el esfuerzo que hizo la institución para competir y consideró que el equipo todavía tiene margen para desarrollar su potencial. También tuvo palabras de reconocimiento para los dirigentes que confiaron en él y le dieron la oportunidad de conducir al plantel profesional.

“Mi llegada a Unión fue un tanto inesperada. Yo estaba siendo segundo asistente técnico de Ezequiel Santiago Medina en Quilmes y antes de eso no tenía club. Rodrigo y Leo me llamaron, me junté con ellos y también con mi amigo Chero Oliver. Siempre voy a estar infinitamente agradecido, porque era inesperado para mí y fue una jugada arriesgada para ellos”, contó.

La experiencia al frente de Unión fue mucho más de lo que había imaginado como entrenador. Aquino venía de trabajar principalmente en divisiones formativas y no tenía entre sus objetivos inmediatos dirigir un equipo profesional. Sin embargo, encontró una oportunidad que le permitió crecer y conocer otra dimensión del básquet.

“Me dieron la posibilidad de dirigir una categoría que nunca me había puesto como objetivo dirigir ni había pensado que iba a llegar a ser entrenador profesional. Fueron dos años hermosos, muy gratificantes desde lo personal, con muchos desafíos. Aprendí muchísimo y me encantó la experiencia”, destacó.

Sin embargo, hubo otro aspecto que terminó pesando en su determinación: la dificultad de compatibilizar las exigencias de la actividad profesional con su vida personal y laboral. Junto a su mujer tiene una consultora de software y reconoció que, durante su etapa como entrenador de Unión, ese emprendimiento fue quedando relegado por las obligaciones que demanda el básquet.

“El entrenador parece que trabaja poco, que son cuatro o cinco horas a la mañana, pero en realidad nuestro trabajo es 24/7. Nuestra cabeza está 24/7 pensando en el equipo, cuando está bien, cuando está mal. Uno tiene que estar bien para hacer bien su trabajo”, explicó. Y agregó: “Dejé de lado muchas cosas que ahora voy a tener tiempo de retomar”.

A partir de esa experiencia, Aquino también dejó una reflexión sobre las condiciones en las que desarrollan su actividad los entrenadores de básquet, una profesión que definió como poco gratificante y atravesada por una presión permanente.

“El entrenador de básquet está muy bastardeado. No sé si la palabra es esa, capaz que me estoy equivocando, pero es poco gratificante ser entrenador. Uno está sometido a un estrés demasiado alto, donde los resultados y tu trabajo se juzgan semana a semana, quizás por gente que no tiene el conocimiento necesario para juzgarlo”, sostuvo.

En su caso, explicó que cuenta con una actividad profesional paralela y que no depende exclusivamente del básquet para vivir, por lo que no siente la necesidad de buscar inmediatamente otro equipo para dirigir. De todos modos, dejó en claro que no se trata de un alejamiento definitivo: “Seguramente voy a volver a dirigir. Es más, a los chicos de U21 de Unión los sigo dirigiendo. El otro día los dirigí porque me gusta, porque me apasiona, pero no es algo que tenga en mi cabeza para el futuro cercano”.

También explicó que buena parte del desgaste está relacionado con una presión que muchas veces nace del propio entrenador. Como ejemplo, recordó una situación vivida durante un partido ante Central Entrerriano, cuando Unión había conseguido una amplia ventaja y, aun así, él no conseguía estar conforme con el rendimiento del equipo.

“Me decía Bautista Mendiola: ‘Pela, vamos ganando por 20’. Era el segundo partido de la temporada y yo estaba caliente porque habíamos jugado 15 minutos mal, porque no nos pasábamos la pelota. Uno tiene una presión interna que muchas veces es más fuerte que la que viene de afuera”, relató.

En ese contexto, Aquino respaldó plenamente la decisión de que Bautista Mendiola tome la conducción del equipo. El joven entrenador, que trabajó junto a él y conoce profundamente la estructura de Unión, tendrá ahora la responsabilidad de continuar al frente del plantel profesional.

“Creo que va a ser un excelente entrenador a nivel nacional y, si él quiere, internacional. Tengo muchísima confianza en sus cualidades. Tiene la seriedad que requiere un entrenador profesional, los conocimientos y la predisposición”, afirmó.

Aquino también recordó que conoce a Mendiola desde hace muchos años, incluso desde su etapa como jugador, y destacó su capacidad para interpretar el juego: “Desde ese momento te das cuenta de que tenía una capacidad para entender y leer el juego por encima de la media. Es joven y va a cometer errores, como todos, pero creo que tiene un techo altísimo”.

Para el técnico saliente, el desafío será una oportunidad importante para el crecimiento de su sucesor. “Creo que está muy preparado para estar adelante de un grupo. Después, el trabajo, los errores y los aciertos te van moldeando y la experiencia la ganás con los años”, agregó.

La salida de Aquino marca el cierre de un ciclo de dos temporadas en Unión, al que llegó casi inesperadamente y del que se lleva una experiencia que valoró especialmente. Su decisión no estuvo vinculada a una pérdida de interés por el básquet, sino a la necesidad de recuperar un equilibrio personal y profesional que ya no estaba encontrando. Por ahora, seguirá ligado al club desde las categorías formativas, mientras se toma un tiempo para retomar otras actividades y disfrutar nuevamente del deporte desde otro lugar.

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