«Siru» Acosta vivirá su noche soñada

A pocas horas de su vuelta al ring en Mar del Plata, como parte de una velada en el Club Quilmes, Rubén «Siru» Acosta vivirá este sábado una noche particular ya que además de su pelea como semifondo, sus tres hijos estarán dentro del evento en los combates amateurs.

«Siru» Acosta con sus tres hijos cuando eran pequeños.

Por Ricardo M. Chacana Arriagada (@RMCBoxing)
rmcboxing@gmail.com

Corría el año 1996. Más precisamente el día 1 de octubre. No voy a mentir, debí recurrir a las estadísticas para verificar este dato ya que era aún un niño en aquel momento. Esa noche Héctor «Macho» Camacho vencía por KOT en seis asaltos al probador Heath Todd.
6 de diciembre de 2013. Para esta fecha solamente debí apelar a mi memoria. José Clavero le ganaba por la vía rápida en tres asaltos a Cristian Jesús Mores y cosechaba su quinta victoria en fila.

Parecen dos casos aislados, pero tienen algo en común: aquellas noches ambos boxeadores compartieron velada con sus respectivos hijos: Héctor Camacho Jr. y Javier Clavero. El primero tuvo un interesante récord enfrentando a rivales de segundo orden, mientras que el segundo lleva una pulida carrera siendo campeón sudamericano de la categoría liviano.
Este sábado Rubén «Siru» Acosta llevará esa situación a un nuevo nivel cuando protagonice su pelea ante Arnaldo Benítez en el semifondo del festival que se disputará en el club Quilmes de la ciudad de Mar del Plata ya que en la misma velada tendrán la oportunidad de mostrarse sus tres hijos quienes están dando sus primeros pasos en el deporte de los puños.

Franco, el mayor, tiene 20 años y lleva 12 peleas como amateur de las cuales gano 10, empató una y perdió la restante. Es uno de los boxeadores amateur marplatenses con mejor presente y es seguido de cerca por los seleccionadores nacionales.

Rubén, el del medio, tiene 19 años y viene invicto con 7 victorias y un empate.

El más chico, Armando, más conocido como Pipi, tiene 17 años y solo 2 peleas de las cuales ganó una y empató una también.

Todos ellos comparten sus horas no solo en casa, sino también en el gimnasio Squat Gym junto con su padre del cual no pueden negar ser hijos debido a su gran parecido físico.
«Va a ser una noche especial. Pensá que bajé tres posibilidades de pelear afuera para poder darme este lujo. Es un sueño que quiero cumplir»

Esa emoción que traspasa las palabras se puede sentir cuando uno escucha al Siru hablando sobre lo que le produce vivir una experiencia que muy pocos deportistas pueden.

– ¿ Cómo hacés para cambiar el chip de padre a entrenador?

– Es algo que todavía no puedo hacer. Se que a veces les exijo un extra, porque se que pueden rendir más y luego me arrepiento porque me sale el instinto paternal. Estoy detrás de ellos en cosas cotidianas y después me pregunto si estaré haciendo bien, pero siempre con la idea de cuidarlos.

– ¿ Cuál fue tu reacción la primera vez que los viste combatir?

– Me quería morir. Me pasó lo mismo con los tres. Es más: me sigue pasando y cada vez peor. A medida que va subiendo la vara de los rivales se que los riesgos que se corren son mayores y, a pesar de la evolución que voy viendo día a día en ellos, esa ansiedad por que terminen con el brazo levantado va creciendo.

Los tres hijos de Acosta que eligieron el mismo camino de su padre.

– ¿Cuáles sentís que son las ventajas que hoy tienen tus hijos que tal vez vos no tuviste?

– Cuatro comidas al día. Sin dudas esa es una ventaja y desventaja a la hora de dedicarse a un deporte como este. Sin embargo ellos saben suplir la parte negativa que conlleva con una ambición que hasta a mi me asusta. Los tres quieren superarme en cantidad de peleas, títulos y trayectoria. Eso lo puedo sentir cada día en el gimnasio, cuando salimos a correr a la mañana y arriba del ring.
A su vez también se que toda la experiencia buena y mala que yo tuve se las puedo transmitir, pero ellos necesitan cometer sus propios errores y hacer sus caminos.

– ¿Qué cambios notás entre la preparación que vos tenías en tu época amateur y la de ellos?

– Ellos hoy cuentan con un gimnasio de 1000 metros cuadrados con todas las comodidades y yo entrenaba en un lugar mucho más chico sin máquinas, sin nada. Otra de las cosas que veo importante es que ellos tienen psicólogo y eso los ayuda mucho. Y la alimentación es algo fundamental, obviamente.

– ¿ Sentís que tienen una presión extra por ser «hijos de Siru»?

– Sin dudas y es en lo que más me interesa trabajar. Trato de que esa presión sea positiva, que puedan descargar esa bronca contenida en el momento justo. Los tres están eligiendo este camino por decisión propia y eso también es algo que me enorgullece. En todo momento les di la posibilidad de tomar el camino que quisieran.

Antes de terminar esta charla Rubén me pidió agradecer a las personas que le permiten cumplir este gran sueño: «A Juan Inza, al Sindicato de Trabajadores Municipales, a Fitness Shop, a mi mujer que me aguanta en todas las locuras y principalmente a Mar del Plata que es la ciudad que amo y la que no pienso cambiar por nada».