El pataleo esteril del deportista ante la injusticia

Los casos de Brian Rosso y Ayelén Tarabini siguen confirmando una regla inexpugnable: la crítica que se expresa públicamente no termina cambiando nada en profundidad. Sobre todo, en equipos de poco impacto en el país.

Tarabini y Rosso

Por Rodrigo Divito (@rodrigodivito)

El mundo del deporte amateur está plagado de injusticias. En la preparación, en la distribución de fondos, en los entrenadores que eligen a “sus” deportistas más cercanos a pesar de los méritos de cada uno, los dirigentes que increíblemente van en contra de los intereses de su deporte y aquellos que también sólo usan una posición dirigencial para iniciar su carrera política.

Mar del Plata ha tenido dos casos resonantes en apenas unos días, un récord triste en realidad. Brian Rosso envuelto en una mentira para sacarlo de la Selección Nacional y la renuncia de Ayelén Tarabini al equipo argentino haciendo una serie de graves denuncias. Pero, ¿por qué esas cuestiones que consideramos importantes en el momento, luego se pierden en el tiempo?

No estar dentro de un deporte “importante” o “grande”, como se lo suele definir, es una de las principales características. La noticia toma envión rápidamente, pero pronto se diluye porque no se trata de disciplinas multitudinarias o porque siempre «vende» más cualquier cosa que venga relacionada al fútbol principalmente.

Las cartas en redes sociales, las explicaciones de puño y letra o de palabra, se pierden en el tiempo y los deportistas que tienen que seguir adelante, quedan expuestos, sin respuestas, contando con el enojo social, pero sin la verdadera solución del problema nunca.

Brian Rosso tendrá que cumplir con su sanción y el destino le dio un giro particular a la historia con la pandemia que terminó en la postergación de Tokio 2020. Pero está claro que a pesar de ello, no podrá mirar con la misma cara a los ojos a los dirigentes que mintieron en un documento inventado para sacarlo deliberadamente de un clasificatorio.

Si quiere volver, por él, por su deseo de estar con la malla nacional, tendrá que tragarse su orgullo pero tampoco se la van a hacer fácil. El pataleo y la exposición no le habrán servido para que las cosas cambien, a pesar de que ese reclamo del menor de los hermanos marplatenses no es cuestión de un mes, sino que viene señalandolo por las paupérrimas decisiones desde hace un tiempo. Ahí está el punto del problema y quizás el inicio de la mentira que le crearon alrededor.

Ayelén Tarabini afirma haber sufrido graves destratos en los últimos meses por parte de Roger Medina, entrenador del equipo nacional. Eso la dejó fuera de Lima 2019 y le complicó su participación en el Mundial de Alemania. Posteriormente, la renuncia.

La Confederación fue clara. Bancó el proyecto del entrenador y todo seguirá igual, no habrá sanción, investigación ni nada. La protesta vuelve a quedar en el aire, flotando y apenas durante unas horas en los medios.

Los dirigentes no responden teléfonos, no hablan…no les convendría. Prefieren que todo se diluya porque como rezaba el anillo de Julio Grondona “Todo Pasa” y ellos terminan ganando. Los deportistas son héroes en las victorias, pero quedan solos en las malas, renunciando a sus sueños y con muchos dirigentes encerrándose en los suyo, como dueños del deporte.

Ese pataleo, ese reclamo, esa denuncia, queda absolutamente de lado siempre. Son pocos los ejemplos de denuncias de deportistas en disciplinas amateurs que lograron cambiar algo. El básquet, a través del reclamo de la Generación Dorada, pudo cambiar una difícil situación dirigencial en la CABB, pero es el básquet y el peso específico de los Ginóbili, Scola y compañía. Ellos pudieron más que los gritos, enojos y frustraciones de los Rosso o Tarabini.

La historia se repite, lamentablemente. Algún día se podrá hablar de un cambio social cuando un reclamo, cuando una injusticia, no quede sólo en un pataleo estéril.