Abrazar para no caer (Día del boxeador marplatense)

Todos los años, el 28 de julio se celebra el día del boxeador marplatense pero esta vez, la actividad se encuentra en una completa incertidumbre atravesando la pandemia y tratando de sostenerse.

El 28 de julio se celebra el día del boxeador marplatense.

Por Rodrigo Divito (@rodrigodivito)

Siempre es un día especial. Todos los años, pero en 2020 aún más. Allá por 2008 se impulsó el reconocimiento al Día del Boxeador Marplatense planteado el 28 de julio recordando la fecha del natalicio de Ubaldo «Uby» Sacco y para honrar lo que fue una gran trayectoria que concluyó con el título mundial que logró en el epílogo de su carrera profesional y del cuál se cumplieron 35 años recientemente.

Pero este día del boxeador será distinto. Gran parte del boxeo local no tiene mucho para celebrar, pero si para conmemorar. Es que el sacrificio de los entrenadores, autoridades y, principalmente, de los propios boxeadores ha generado que se vuelva a mirar a Mar del Plata como un centro importante para el deporte.

Volvieron las veladas durante todo el año, televisadas en muchos casos con promotores que apostaron a la ciudad, pero también con la intensa actividad amateur fruto de organizadores que a fuerza de amor al deporte organizan peleas, hacen pesajes, venden entradas, pagan las bolsas, venden en el buffet y ordenan todo lo que sea necesario. En algunos casos, como el «Siru» Acosta (vale el ejemplo de sacrificio), en el final de la velada, después de hacer todo eso, se subía al ring a pelear también.

Así funciona y no está mal porque es la forma en la que pueden hacerlo. Será difícil pensar en una recuperación después de tanto tiempo de cuarentena y gimnasios sin actividad. En algunos casos puede derivar en puertas cerradas directamente, en otros quizás se deban fusionar para seguir existiendo; pero si hay algo que al boxeo de Mar del Plata no se le puede reclamar es amor por lo que hacen y voluntad para desarrollarlo.

Eso es lo que se debe conmemorar. Porque el simple hecho de tener un chico en un gimnasio pensando en entrenarse, apostando a la buena forma física, lejos de los vicios de la calle (que en algunos casos pueden ser más fuertes) es el motivo que necesitan para levantarse, abrir un gimnasio, ordenar los guantes y las vendas esperando que esos jóvenes con el bolso en la espalda busquen un destino.

Porque de eso se trata, de darles un propósito, con la excusa del deporte. De ponerles por delante una opción, como tantas otras que pueden tener, pero saludable, exigente y con un futuro rentado como ilusión.

Ya volverán los tiempos de noches largas, de familias gritando y alentando, del llanto después de obtener un cinturón, de manos alzadas al cielo agradeciendo toparse con ese destino que tanto había prometido el entrenador, de sueños realizados y peleas imperfectas. De broncas y frustraciones también, porque forman parte de lo cotidiano. En la vida y en el boxeo.

Es momento de resistir, como en esos momentos donde una mano al hígado o en la sien, te hace ver el ring en movimiento como una calesita. Es tiempo de abrazar al rival para tener un respiro. El 28 de julio es un buen momento para sostenerse y aferrarse al rival de turno. Aguantar. Resistir. Porque la campana todavía no sonó y el boxeo marplatense no está ni cerca de ser derrotado.