El ring vacío

OPINION – Por Rodrigo Divito – Entre los múltiples deportes que se verán afectados por el COVID-19, el boxeo tiene una particular coyuntura que analizamos en la siguiente nota.

El ring vacío y los problemas que traerá.

Por Rodrigo Divito (@rodrigodivito)

La situación económica será difícil, no es ninguna revelación. Pero el problema real que deberá afrontar el boxeo en los próximos meses es la desaparición de los espacios que pudieron cimentar el momento excepcional y poco valorado que había ganado esta disciplina en Mar del Plata.

De 3 gimnasios hasta hace pocos años atrás, se pasó a tener la nada envidiable cifra de más de 20 con una obvia decantación en la participación profesional de distintos púgiles que, con mayor o menor suerte, han ido representando a la ciudad en veladas en todo el país y el mundo.

Se esperaban ansiosamente aquellas noches en el Club Quilmes o en Once Unidos donde Luis Lazarte (hoy se cumplen 10 años de su título mundial obtenido en Once Unidos ante Carlos Tamara luego de vencerlo por puntos), Rubén «Siru» Acosta, Nazareno Ruiz o Roberto Bolonti le daban a la ciudad la exposición boxística, pero que en realidad los festivales estaban plagados de protagonistas foráneos para completar la cartelera. Esa ecuación se había invertido, con una fuerte base de boxeadores locales para traer rivales de afuera en las peleas más importantes, pero siempre un marplatense o boxeador entrenado en la ciudad como fondista.

Luis Lazarte campeón del mundo a 10 años.

Tener un festival por fin de semana o cada 15 días (amateur, profesional o ambos a la vez), parecía utópico pero se había logrado con un marco de público que no bajaba y se mostraba atraído por los valores de la ciudad.

Como no seguirlo, si hasta tuvimos un púgil como Luis Calderón dentro de la Selección Argentina Amateur en los Juegos ODESUR y en el camino Panamericano a Lima y dentro de la franquicia de «Los Cóndores» en las competencias de la AIBA.

Luis Calderón participó de la Selección Argentina Amateur.

Pero llegó el COVID-19, una pandemia inesperada que no sólo afecta a los boxeadores porque no hay festivales, sino que además impacta fuertemente en el corazón del deporte: los gimnasios. Como ya se ha expresado en este medio a través de la Cámara de Gimnasios, gran parte del sector tiene peligro de desaparecer cuando se reactive el sector por lo que significará un regreso paulatino trabajando apenas en un 20% de la capacidad.

Eso incluye parte de la tarea que puede hacer un boxeador en su preparación, más allá de actividades y entrenamientos al aire libre. Pero hay escuelas de boxeo que no funcionan dentro de un gimnasio, sino que son exclusivamente un lugar para entrenar en el deporte. Esos estarán aún más complicados, si no han cerrado ya.

El alerta se encendió cuando incluso desde la propia Comisión Municipal de Boxeo indicaron que «parte del trabajo realizado se perderá». Un daño colateral aceptable después de más de dos meses de inactividad, pero que no tiene aún dimensión ni alcance real.

Mucho se habla de la relación del boxeo con la inclusión social y la salida de los jóvenes a través de este deporte de las calles y las drogas. Todo lo que se habla, es poco comparado con el efecto real que tiene. Muchos chicos toman el desafío del entrenamiento y la carrera deportiva como una forma de salir de un mundo oscuro. Este parate, para muchos fue una forma de regresar al pasado, de no encontrar esa motivación diaria del entrenamiento, incluso en uno de esos casos con desenlace fatal.

Mientras este punto se hace importante, hay otro aspecto central en el análisis: las ganas del propio deportista (sobre todo los jóvenes) para continuar en la férrea tarea que representa el entrenamiento de boxeo. De por sí, este es un filtro habitual en toda actividad deportiva pero el combo entre la situación de los gimnasios (que todavía no están habilitados en la ciudad), la eventual desaparición de escuelas de boxeo por cuestiones económicas y la desmotivación que puede generar en un púgil; se le agrega otro aspecto del box profesional.

Los rentados, que están construyendo en muchos casos su carrera deportiva con una figura destacada como Lucas «El Tornado» Bastida, no tendrán por un tiempo festivales con público y no se sabe aún incluso cuando se podrá volver a la actividad no sólo en la ciudad sino en todo el país. Será difícil pensar en un boxeador marplatense peleando en veladas de cualquier punto del país de aquí a fin de año. La ventaja que tienen muchos de los púgiles de la ciudad es que cuentan con trabajos extra para sustentarse en el día a día, lo cuál puede darles un respaldo económico.

Hay un aspecto importante que en realidad debería haberse implementado mucho antes por una cuestión incluso de marketing y que hoy, agudizando el ingenio, aparece como una importante posibilidad: la transmisión por streaming. Esta posibilidad está siendo analizada por organizadores locales como una alternativa para seguir organizando festivales bajo las medidas de control sanitario pero a puertas cerradas. El problema es quien pondrá el dinero de sponsoreo para solventar ese gasto junto con la bolsa de los protagonistas (tema por resolver).

Los desafíos son enormes y el trabajo que tendrá el sector por delante también necesita de todos los partícipes comenzando por la Comisión de Boxeo, siguiendo por los propietarios de los gimnasios, los entrenadores, los comerciantes y sponsors, los boxeadores y todo aquél vinculado con el ambiente porque el ring ha quedado vacío momentaneamente, pero no faltará mucho para que la misma fuerza de voluntad que los lleva a levantarse a las 5 de la mañana para entrenar, los lleve al lugar de privilegio que se habían ganado.