Andrés Alvarez: «Hay una necesidad de plantearle a los padres el apoyo a los niños»

El psicólogo deportivo que trabaja en el Club Alvarado habló en Marca Deportiva Radio (FM 99.9) sobre las charlas que están brindando para los padres de chicos en edades formativas dentro del deporte: «el llamado a participar de la familia es para que se involucren y tomen parte venciendo mitos que perduran», indicó.

El Departamento de Psicología Deportiva de Alvarado en plena charla (Foto: Prensa Alvarado)

Por Rodrigo Divito (@rodrigodivito)

La relación de los padres con los niños en la edad de desarrollo y crecimiento dentro de la disciplina deportiva es un punto fundamental. La confianza y el bienestar de los niños a veces dependen de un gesto, de una palabra de sus padres. El Departamento de Psicología Deportiva del Club Alvarado realizó una charla orientada a los padres de niños en edades infantiles denominada «La mejor manera de acompañar».

La misma estuvo a cargo del psicólogo deportivo Andrés Álvarez que habló al respecto en Marca Deportiva Radio (FM 99.9): «nos juntamos con los entrenadores y a partir de ahí empezamos a ver cuál era la demanda que tenían. Había una necesidad de plantear a los padres brindar un apoyo a los deportistas desde los partidos y los entrenamientos», indicó.

A partir de ahí, diagramaron una actividad en particular: «el llamado a participar de la familia es para que se involucren y tomen parte venciendo mitos que perduran. Se confunde el mundo del alto rendimiento con el proceso formativo. Les damos herramientas para que puedan autorregularse«, indicó.

Pero no quedó allí la explicación sino que además brindó distintos tips básicos para acompañar a los niños en el proceso y que son muy importante: «esto es para todo el deporte formativo. Siempre marcamos que la mejor manera de acompañar es estando, que el niño sepa que del otro lado estamos. Cuando vuelve a casa de cada entrenamiento hay preguntarle como le fue para que sientan el interés».

Luego continuó: «en segundo lugar, algo que debemos desterrar son los castigos de quitar el deporte por un mal desempeño académico. A un niño del año 80 quizás esa práctica servía y ahora no da el mismo resultado. Por más que los resultados académicos no sean buenos no le saquemos el deporte sino que desde el club se pueda hacer hincapié en que se necesita mejorar el estudio».

Si hay algún común que sucede todos los fines de semana es la intromisión desde afuera de la cancha de los padres, ya sea hacia sus propios hijos o bien los árbitros o entrenadores. «desde afuera no se deben dar instrucciones técnicas porque ese es el trabajo del entrenador, se genera un doble discurso. Si se grita que sea en apoyo, con la alegría de lo que está haciendo. Luego hablamos la posibilidad de no expresar gestos de agresividad en factores que influyen en la competencia, no generar pleitos con otros partes o gritarle al árbitro. Son valores opuestos a los que se trabajan durante toda la semana».

También destacó que no se puede comparar todo el tiempo el desarrollo de los niños con el resto de sus compañeros porque cada uno tiene tiempos distintos: «los padres deben tener en cuenta que los procesos de aprendizaje son distintos, no todos deben tener las mismas habilidades al mismo tiempo. Algunos logran algo a los 6 y otros a los 8, la comparación que sea siempre con como estaba uno mismo».

Por último, indicó que se debe trabajar sobre las responsabilidades propias y no en focalizar lo que salió mal en los demás: «la idea principal es el estilo atribucional del deportista, la persona que se quiere desarrollar debe centrar la mirada sobre si mismo y no situar fuera de si las causas de lo que sucede. La pregunta para que pueda pensarlo distinto es que tenes que ver vos en esto que te están pasando».

Una buena herramienta para focalizar desde la psicología lo que los chicos necesitan de sus padres en edades tan importantes. Andrés Álvarez cerró la charla con un dato importante: Los niños aprenden el 90% de los contenidos no de lo que uno le dice, sino de lo observacional por lo que un gesto puede valer más que un discurso».